
La historia nos recuerda un contexto que es conocido por todos, aunque vale repasarlo. España estaba convulsionada: en 1808, Napoleón Bonaparte invadió la península y forzó la abdicación del rey Fernando VII. Ese vacío de legitimidad sacudió el edificio entero del Imperio colonial. En el Virreinato del Río de la Plata —que abarcaba los actuales territorios de Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay— un grupo de criollos vio en la crisis la oportunidad que llevaban años esperando.

El 22 de mayo de 1810 se celebró el Cabildo Abierto. El 24, 476 vecinos firmaron una solicitud de creación de una Junta Provisoria Gubernativa. Y el 25, aquella junta quedó constituida: Cornelio Saavedra como presidente, Mariano Moreno y Juan José Paso como secretarios, y seis vocales entre los que figuraban Manuel Belgrano y Juan José Castelli.
Sin embargo, toda revolución fue también recibio un gran estimulo de los que no aparecen en los cuadros, de personajes historicos que conspiraron en secreto, agitaron multitudes sin recibir medallas, o tejieron redes políticas desde salones que la historia recordó apenas como anécdota.

No fue un estallido espontáneo. Fue el punto de quiebre de reuniones clandestinas, discusiones filosóficas, periodismo subversivo y agitación popular. Una semana de acciones visibles sostenida por una década de trabajo invisible.
Mariquita Sánchez de Thompson
En su casa se habría cantado por primera vez el Himno Nacional, un 14 de mayo de 1813. Su salón de la calle del Empedrado fue un hervidero político real. Allí se debatían los temas más delicados de la época junto a próceres como Belgrano, y también se organizaban acciones concretas: fue la primera firmante de una junta de donaciones donde cada mujer compraba un fusil con su nombre grabado para donarlo al ejército patriota.

Según la investigadora Plomer, «el primer documento que existe sobre una reunión política de mujeres está primeramente firmado por ella».

Domingo French y Antonio Luis Beruti
Los manuales los han reducido a una imagen tierna y algo ridícula: dos señores que repartían escarapelas bajo la lluvia. La realidad fue considerablemente más intensa. French y Beruti encabezaban a la llamada «Legión Infernal», un grupo de agitadores que actuaban como fuerza de presión callejera. Los cerca de 600 hombres armados que ocuparon la Plaza de la Victoria desde el 21 de mayo estaban bajo su mando, y su misión era asegurarse de que el Cabildo pudiera sesionar sin la interferencia de los partidarios del Virrey.
Lo que repartían no eran «meras escarapelas» sino cintas blancas de identificación para los patriotas, una señal de reconocimiento en medio de una situación que podía tornarse violenta en cualquier momento.
Juan José Castelli – 1764 – 1812
Castelli integró la Primera Junta como vocal, por lo que no puede llamarse exactamente «olvidado». Sin embargo, su rol operativo en los días críticos de mayo suele quedar eclipsado por las figuras de Moreno o Saavedra.
Fue Castelli quien, junto a Martín Rodríguez, insistió ante el Virrey Cisneros para que convocara al Cabildo Abierto.
Cuando Cisneros respondió airado que era una insolencia, fue Rodríguez quien le advirtió que tenía cinco minutos para decidir.

Más decisivo aún: en la noche del 24 de mayo, cuando la primera junta de compromiso fracasó, fue Castelli quien debió presentarse personalmente ante Cisneros para explicarle que había dejado de gobernar. Y fue él también quien comunicó a los ex funcionarios del Virreinato que debían abandonar el territorio en el acto, abordando el cúter inglés Dart rumbo a las islas Canarias.
El 25 de mayo no fue solo la Primera Junta. Fue también el salón de Mariquita, la legión de French, la voz de Castelli. Fue, en definitiva, las voces de varios héroes que lucharon por conformar una nación con una identidad e ideales propios.
